La madriguera

La geopolítica de la minería de Bitcoin

La minería de Bitcoin es un asunto de estado. Quién mina, dónde, y por qué importa políticamente.

Fecha de publicacion: Febrero 2026 · Tiempo de lectura: ~7 minutos

En mayo de 2021, China controlaba aproximadamente el 65% del hashrate mundial de Bitcoin. Dos meses después, ese porcentaje era cercano a cero. El gobierno chino había prohibido la minería de Bitcoin, y decenas de miles de máquinas se apagaron simultáneamente.

La red de Bitcoin no se inmutó. La difficulty se ajustó. Los bloques siguieron produciéndose cada diez minutos, en promedio. Y en los meses siguientes, el hashrate se recuperó — pero distribuido de forma completamente diferente.

Esta migración masiva demostró tanto la resiliencia de Bitcoin como su dimensión geopolítica. La minería de Bitcoin no es solo una actividad económica; es un asunto de seguridad nacional, política energética y competencia entre potencias.

China: el auge y la caída

Durante casi una década, China dominó la minería de Bitcoin.

Las razones eran claras: electricidad barata (hidroeléctrica en Sichuan durante la temporada de lluvias, carbón en Mongolia Interior y Xinjiang durante el invierno), acceso directo al hardware (Bitmain, el mayor fabricante de ASICs, estaba en Shenzhen), y una cultura empresarial que no temía a las zonas grises regulatorias.

Las granjas de minería chinas eran operaciones industriales masivas: miles de máquinas en hangares, consumiendo la electricidad de ciudades pequeñas. Los mineros migraban estacionalmente, siguiendo la electricidad barata: Sichuan en verano (excedente hidroeléctrico), norte de China en invierno (carbón barato).

El gobierno chino toleró la minería durante años, a pesar de haber prohibido los exchanges de criptomonedas en 2017. La minería traía inversión y consumía electricidad que de otro modo se desperdiciaría.

Pero la tolerancia terminó en mayo de 2021.

El Consejo de Estado anunció una represión contra la minería de Bitcoin como parte de objetivos medioambientales y de estabilidad financiera. Las provincias implementaron prohibiciones una tras otra. En semanas, las operaciones de minería que representaban más de la mitad del hashrate mundial se apagaron.

Fue el mayor estrés test que Bitcoin había enfrentado desde su creación. Y Bitcoin lo superó sin problemas.

El hashrate cayó aproximadamente un 50%. La difficulty se ajustó — el ajuste más grande de la historia — haciendo los bloques más fáciles de minar para compensar la pérdida de hashrate. Las transacciones siguieron procesándose. La red siguió funcionando.

En seis meses, el hashrate se había recuperado completamente. Pero la geografía de la minería había cambiado para siempre.

La Gran Migración

¿A dónde fueron los mineros chinos?

Algunos se quedaron en Asia, moviéndose a Kazajistán, que tenía electricidad barata (carbón) y una frontera terrestre con China que facilitaba el transporte del hardware. Kazajistán pasó brevemente a ser el segundo país en hashrate, antes de que sus propios problemas de red eléctrica y disturbios políticos (enero 2022) complicaran las operaciones.

Otros fueron a Rusia, que tiene energía abundante y una actitud ambigua hacia las criptomonedas. La minería en Rusia es difícil de cuantificar debido a la opacidad del país, pero las estimaciones sugieren que representa el 5-10% del hashrate global.

Muchos fueron a Norteamérica. Estados Unidos, en particular, se convirtió en el nuevo centro de gravedad de la minería de Bitcoin.

Estados Unidos: el nuevo líder

Estados Unidos pasó de aproximadamente el 5% del hashrate mundial en 2020 al 35-40% en 2024. Es el mayor cambio geopolítico en la historia de la minería de Bitcoin.

Texas lidera el boom. El estado tiene varias ventajas:

Electricidad barata: abundante gas natural y capacidad eólica/solar creciente mantienen los precios bajos.

Red desregulada: ERCOT, el operador de la red de Texas, tiene un mercado eléctrico competitivo donde los precios fluctúan según oferta y demanda. Los mineros pueden comprar electricidad barata cuando sobra y apagarse cuando escasea.

Clima regulatorio favorable: Texas ha sido explícitamente acogedor con la industria de Bitcoin. El gobernador y los legisladores han cortejado activamente a las empresas mineras.

Demand response: los mineros de Texas participan en programas de respuesta a la demanda. Cuando la red está estresada (olas de calor, por ejemplo), los mineros se apagan y reciben pagos por hacerlo. Esto convierte a los mineros en un estabilizador de la red, no solo en un consumidor.

Además de Texas, hay operaciones significativas en Georgia, Nueva York (aunque el estado ha restringido la minería con combustibles fósiles), Wyoming, Kentucky, y otros estados.

Las empresas mineras estadounidenses cotizan en bolsa: Riot Platforms, Marathon Digital, CleanSpark, entre otras. Esto añade transparencia pero también presión por resultados trimestrales.

El mapa global actual

A principios de 2026, la distribución aproximada del hashrate es:

Estados Unidos: 35-40% China: 15-20% (sí, la minería ha vuelto parcialmente, operando en la sombra) Rusia: 5-10% Kazajistán: 5-8% Canadá: 5-7% Resto del mundo: 20-30%

El "resto del mundo" incluye operaciones en lugares diversos:

Islandia y los países nórdicos aprovechan energía geotérmica e hidroeléctrica abundante, además de clima frío que reduce costes de refrigeración.

Paraguay tiene excedente hidroeléctrico de Itaipú, la segunda mayor represa del mundo. La electricidad es extremadamente barata, aunque la infraestructura y la estabilidad política son retos.

El Salvador ha promocionado la minería con energía geotérmica volcánica, aunque la escala real es pequeña.

Emiratos Árabes Unidos y otros países del Golfo están invirtiendo en minería como parte de estrategias de diversificación post-petróleo.

Etiopía está emergiendo como destino minero gracias al Grand Ethiopian Renaissance Dam, que generará electricidad excedente.

Bután, el pequeño reino del Himalaya, ha invertido en minería de Bitcoin usando su abundante energía hidroeléctrica.

La dimensión geopolítica

La minería de Bitcoin tiene implicaciones geopolíticas reales:

Seguridad de la red. El hashrate es poder. Si un país controlara más del 50% del hashrate, podría teóricamente atacar la red (aunque el incentivo económico para hacerlo es dudoso). La distribución geográfica del hashrate es, por tanto, un factor de seguridad.

La salida de China mejoró la descentralización geográfica. Pasar del 65% en un solo país autoritario al 35-40% en EEUU más un 60% distribuido globalmente es objetivamente más seguro.

Competencia EEUU-China. La migración de hashrate de China a EEUU no pasa desapercibida en ningún gobierno. Bitcoin es un activo estratégico, y controlar su infraestructura de minería tiene valor.

Algunos analistas sugieren que la prohibición china fue un error estratégico: China cedió una industria valiosa a su rival geopolítico. Otros argumentan que China priorizó el control sobre el beneficio — Bitcoin representa un sistema financiero fuera del control estatal, y eso es inaceptable para el Partido Comunista independientemente del valor económico.

Sanciones y evasión. ¿Puede la minería de Bitcoin usarse para evadir sanciones internacionales? Teóricamente sí: un país sancionado podría minar Bitcoin y venderlo por divisas. En la práctica, la escala necesaria para que esto sea significativo es enorme. Corea del Norte ha minado Bitcoin (y robado mucho más mediante hackeos), pero los montos son pequeños en el contexto de una economía nacional.

Rusia, bajo sanciones desde 2022, tiene una industria minera significativa. Pero convertir hashrate en divisas utilizables requiere vender el Bitcoin en mercados donde las sanciones no apliquen — lo cual es posible pero añade fricción.

Política energética. La minería de Bitcoin consume electricidad. Dónde se genera esa electricidad tiene implicaciones ambientales y políticas.

La narrativa de que Bitcoin consume "demasiada" energía ignora un matiz importante: los mineros buscan la electricidad más barata, que frecuentemente es electricidad renovable excedente que de otro modo se desperdiciaría.

La minería de Bitcoin en Texas usa parcialmente energía eólica y solar que se genera en horas de baja demanda. La minería en Islandia usa geotérmica. La minería en Paraguay usa hidroeléctrica.

Esto no significa que toda la minería sea verde — hay operaciones con carbón, especialmente en Kazajistán y partes de Rusia — pero la tendencia es hacia energías más limpias por razones puramente económicas.

La concentración en pools

La distribución geográfica de los mineros es solo parte de la historia. Los mineros se agrupan en "pools" para reducir la varianza de sus ingresos.

A principios de 2026, dos pools dominan: Foundry USA y AntPool controlan conjuntamente más del 50% del hashrate. Esto es una concentración preocupante, aunque menos de lo que parece.

Los pools no controlan el hardware. Si un pool intenta hacer algo malicioso (como censurar transacciones), los mineros pueden cambiar a otro pool en minutos. Ha ocurrido antes: cuando GHash.io se acercó al 50% del hashrate en 2014, muchos mineros abandonaron el pool voluntariamente para preservar la descentralización.

Aun así, la concentración de pools es un riesgo. Un ataque coordinado (o una orden gubernamental) a los operadores de los principales pools podría causar disrupción temporal, aunque no permanente.

El futuro

La minería de Bitcoin seguirá siendo un asunto geopolítico.

El halving de 2024 redujo el subsidy a 3.125 BTC por bloque. El siguiente (2028) lo reducirá a 1.5625 BTC. A medida que el subsidy disminuye, la eficiencia se vuelve más crítica. Los mineros con electricidad más cara serán expulsados del mercado.

Esto podría concentrar la minería en los lugares con la electricidad más barata — que tienden a ser lugares con excedente de energía renovable. La ironía sería que la presión económica haga lo que los activistas ambientales no han logrado: una minería predominantemente verde.

También es posible que veamos minería estatal. Si Bitcoin se consolida como activo de reserva, los bancos centrales podrían considerar minar como forma de acumular sin comprar en el mercado. Esto ya ocurre a pequeña escala (El Salvador, Bután), y podría expandirse.

La única certeza es que el hashrate seguirá donde esté la electricidad barata y el ambiente regulatorio lo permita. Bitcoin no tiene preferencias geográficas. Simplemente sigue los incentivos.

Fuentes y referencias:

  • Cambridge Bitcoin Electricity Consumption Index (CBECI)
  • Datos de hashrate de CoinMetrics y Glassnode
  • Reportes de Luxor Technologies sobre distribución geográfica
  • Investigación de Daniel Batten sobre minería y energía renovable
  • Reportes de ERCOT sobre participación de mineros en demand response

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